2007/04/01

Victor Klemperer, ruega por nosotros


El mes de marzo comenzó con la excarcelación del etarra De Juana en aras del “final del terrorismo”, y ha terminado con el hallazgo de nuevos depósitos etarras de armas y explosivos, mientras en Baracaldo la ilegal Batasuna celebraba, con toda tranquilidad y las bendiciones del juez Garzón, un mítin de tres horas en el que se enorgullecía de haber acarreado “la actual crisis del Estado español”. Entre medias, treinta y un días tupidos de señales inequívocas de que en España gobiernan el fraude y el desprecio de la ley, desde la liberación sin cargos de Otegui para seguir cumpliendo con el chantaje al poder ejecutivo hasta la impune agresión nacionalista a miembros del Foro Ermua. Como fondo, la satanización incansable de la oposición, la ahora llamada ultraderecha, que en términos reales abarca a todo el que aún no trague con el abandono de la libertad y la legalidad. No es el menor de los consensos alcanzados entre el terrorismo vasco y el gobierno de Madrid, el de los calificativos de uso preferente (“La ultraderecha sabe que está en juego el modelo de la transición y el PSOE debe atreverse a romper amarras con el fascismo, y para eso sí contará con la izquierda ‘abertzale’”, dicen que dijo ayer el “Pernando” Barrena en un arranque de magnanimidad).

El historiador futuro tendrá un tema fuerte, aunque poco original, en este proceso de descomposición. Pero eso no nos incumbe. Más que imaginar cómo se reconstruirán el día de mañana los hechos que vivimos hoy, nos incumbe vivirlos, que es en primer lugar mirarlos de frente, anotarlos y tratar de entenderlos. Quiero dar testimonio hasta el final, escribió en sus diarios el alemán Victor Klemperer, testigo y víctima de otro paulatino “cambio de régimen”, de otra tolerada destrucción del Estado de derecho. Nos acordamos mucho de él. Nos preguntamos si no habrá entre nosotros quien calladamente se haya animado a seguir sus pasos. ¿Será ya tarde para empezar?

21 de febrero de 1933: Yo no escribo aquí historia contemporánea. Pero sí quiero dejar constancia de mi amargura, que nunca me habría considerado capaz de sentir aún hasta este punto. (...) Lo que más impresiona es la ceguera de la gente frente a lo que está sucediendo, qué falta de idea en cuanto a las verdaderas relaciones de poder.

10 de marzo de 1933: Otra vez es asombroso con qué indefensión se derrumba todo. (...) Ese absoluto hundimiento de un poder que existía hace sólo un instante, no: su completa extinción es lo que me deja tan impresionado.

20 de marzo de 1933: A mí me parece algo completamente secundario que Alemania sea monarquía o república: pero de lo que no veo el momento es de que se salve de las manos de su nuevo gobierno. Por lo demás, creo que nunca podrá lavar la mancha de haberse entregado a él. Yo, por mi parte, nunca volveré a confiar en Alemania.

7 de abril de 1933: La carga que pesa sobre mí es aún más fuerte que durante la guerra, y por primera vez en mi vida tengo un odio político contra una colectividad (en la guerra, no), un odio mortal. En la guerra yo estaba bajo la ley: ley marcial, pero ley; ahora estoy a merced del despotismo. (...) Nunca se ha concentrado tanta ignominia sobre un pueblo europeo como se concentra ahora sobre nosotros. Cada uno de los discursos del canciller, de los ministros, de los comisarios. Y sueltan discursos a diario. Una repugnante mezcla de los más descarados y más burdos embustes, de hipocresías, frases hueras, afirmaciones absurdas. Y siempre esas amenazas, ese tono triunfalista, esas promesas vanas.

11 de noviembre de 1933: Una voz casi siempre ronca, forzada, excitada, largos pasajes en el tono lloroso del predicador sectario. (...) Yo sólo quiero la paz, yo he salido del pueblo bajo, yo no quiero nada para mí, sólo tengo tres años y medio de plenos poderes y no necesito títulos. Vosotros tenéis que decir “sí” por vuestro propio bien. Etc., sin orden, apasionadamente; cada una de las frases, una mentira, pero casi diría que mentira inconsciente. Ese hombre es un fanático de vía estrecha. Y no ha aprendido nada.

14 de noviembre de 1933: El domingo voté “no” en el plebiscito, y en la papeleta para votar el Reichstag escribí también arriba “no”. Eva entregó las dos papeletas en blanco. Eso fue casi un acto de valentía, pues todo el mundo contaba con que hubiera violación del secreto del sufragio. Ha habido muchos que, para eludir el voto o el control del voto, han solicitado una papeleta electoral para votar fuera. Yo no creo que se haya violado realmente el secreto. Era innecesario por un doble motivo: 1) basta con que todo el mundo crea en la violación del secreto y que, por consiguiente, tenga miedo; 2) estaba garantizada la veracidad del resultado anunciado, ya que el Partido lo domina todo sin que nadie lo controle a él. También estoy dispuesto a admitir que esa –desmedida y desmedidamente falaz– “propaganda en pro de la paz” semana tras semana, a la que nadie ha podido oponerse de palabra o por escrito, haya llegado a embriagar a millones de personas.- Y a pesar de todo: cuando ayer publicaron el triunfo: ¡93 % de votos a favor de Hitler!, 40,5 millones de “síes”, 2 millones de “noes”; 39,5 millones a favor del Reichstag, 3,5 millones de papeletas “nulas”, me derrumbé, me lo creí yo también y pensé que era verdad. Y desde entonces, se nos repite en todos los tonos: el extranjero acepta este “voto”, ve a “toda Alemania” en pos de Hitler, cuenta con una Alemania unida, la admira, le dará su apoyo, etc., etc. Esto también me está embriagando a mí, empiezo a creer en el poder y la estabilidad de Hitler. Es espantoso.- Además, dicen que “Londres” admira sobre todo el hecho de que hasta en los campos de concentración la mayoría haya votado “sí”. Esto, evidentemente, es o falsificación o chantaje. Pero ¿de qué sirve el racional “evidentemente”? Si me veo obligado a leer y oír una cosa por todas partes, eso penetra dentro de mí. Y si yo apenas puedo resistirme a creer tal cosa, ¿cómo van a resistirse millones de personas más ingenuas? Y si lo creen, ya están ganadas para Hitler, y de Hitler serán verdaderamente el poder y la gloria.

Victor Klemperer, Quiero dar testimonio hasta el final. Diarios 1933-1941, traducción de Carmen Gauger, vol. I, Barcelona, 2003.

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5 Comments:

At 9:00 p. m., Blogger El Cerrajero said...

Lo más escandaloso de todo lo que está pasando es, sin duda, la falta de reacción y el total aborregamiento de buena parte de la sociedad.

 
At 9:15 p. m., Blogger Martinito said...

Lo más escandaloso, Cerrajero... y lo más temible.

 
At 9:36 p. m., Blogger Tangaroa-whakamau-tai said...

Decía Primo Levi, improbable sospechoso para los colectivistas que nos pretenden someter, que no temía a los pocos verdaderamente malos, sino a los hombres corrientes... y la actitud de esos hombres corrientes que denunciaba el químico italiano hoy día se extiende.

 
At 2:20 p. m., Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

Esta última entrada de Martinito sobre Klemperer me ha llevado de nuevo a sus Diarios. He vuelto a leer fascinado la parte última de ese minucioso relato del horror vivido bajo un sistema político cuya crueldad superó todo lo imaginable.. Al final de su diario ( mayo-1945 ) Klemperer muestra su desconcierto al comprobar que ninguno de los que han sido nazis declarados reconoce haberlo sido y se pregunta cómo puede uno aproximarse a la verdad. Y dice:

“ Y para mí es un misterio cada vez mayor, a pesar de Versalles, del desempleo y del arraigo del antisemitismo, un misterio cada vez mayor cómo pudo triunfar el hitlerismo.(…) ¿Y cómo tal movimiento ha podido ganarse al Berlín escéptico y socialista y conservar su adhesión? (en punto a religión, Flammensbeck dice que el programa respetaba la religión, en la medida en que no intervenía en política, y que él no había captado al principio la alevosía de ese alevoso “en la medida”)”.

Hay un conmovedor apunte del profesor Klemperer sobre su matrimonio (me aventuro a reproducirlo porque no me parece que sea una mera reflexión personal). El agnóstico radical que se dice incapaz de encontrar consuelo en la filosofía o en la religión escribe:
1945
18 de marzo, domingo, hacia las siete, abajo
Breve meditación matinal, nacida de un gran amor. Se trata en esencia de que nos hemos querido y seguimos queriéndonos durante cuarenta años, en realidad no estoy completamente convencido de que esto pueda acabarse. La nada – "en tant que" conciencia personal, y por lo tanto la nada real – es, indudablemente, probabilísima, y todo lo demás improbabilísimo. Pero ¿no vivimos constantemente, desde 1914 y más aún desde 1933 y en los últimos tiempos de un modo masivo, lo absolutamente improbable, lo monstruosamente fantástico? Lo que antes era absolutamente inimaginable ¿no se nos ha convertido en algo normal y cotidiano? Si he vivido las persecuciones de Dresde, si he vivido estas semanas de huída, ¿por qué no voy a vivir (o, mejor, morir) también que Eva y yo volvamos a encontrarnos en algún sitio, con alas de ángeles o dotados de alguna otra curiosa forma? No sólo está retirada de la circulación la palabra”imposible”, sino que también “inimaginable” ha perdido toda validez.”

Gracias Martinito por traernos a Klemperer. El nacional-socialismo impuso, efectivamente, lo absolutamente inimaginable. Pensemos que lo que este nefasto gobierno nuestro pretende es fácilmente adivinable y por sorpresa no nos va a coger. Aprovecho para disculparme por hacer un uso excesivo del espacio disponible..

 
At 7:15 p. m., Blogger Martinito said...

Es que ése el quid, Tangaroa-Whakamau-Tai: no sólo los "verdaderamente malos" no podrían hacer gran cosa sin "los corrientes", sino que su elevación al poder satisface una demanda. Enlaza esto con el comentario del Amigo de Kierkegaard en lo referente a los nazis que ni se habían percatado de serlo.
Que los Aliados occidentales tendieran la mano al pueblo alemán tras la derrota del nazismo era políticamente necesario y moralmente digno de todo elogio. Pero en términos intelectuales el precio de tan sensata generosidad fue muy alto, y aún lo estamos pagando. Hay que entender por qué ocurrió aquello, por qué pudo ocurrir, y por qué pueden volver a ocurrir cosas parecidas. Léanse las conferencias de Eric Voegelin "Hitler and the Germans", inapreciables como todo lo de él.
Amigo de K., gracias a ti por enriquecer este modesto blog. En cuanto a que sea fácil adivinar lo que pretende este nefasto gobierno y no nos vaya a pillar por sorpresa, se puede ser menos optimista; porque una cosa es lo que pretende, que ya más que adivinarse se ve con claridad meridiana, y otra las consecuencias de su insensatez. No estamos solos en el mundo, y si España se convierte en el enfermo inerme del sur de Europa, ¿qué sería "inimaginable"?
¡Saludos a todos y buena semana!

 

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