2007/07/09

El del maniqueo

¿Qué creerá José Luis Rodríguez Zapatero que significa la palabra “maniqueo”? La ha oído en alguna parte y le suena bien. El otro día la soltó en el Congreso, cuando su desairada situación le pedía contraatacar con algo muy contundente. Bien es verdad que no sabe lo que es un maniqueo y por lo tanto no sabía lo que decía, pero eso hace tiempo que no sorprende en él.

El Diario de Sesiones –nos gusta citar con exactitud- refleja fielmente que ZP acusó el pasado día 3 a Mariano Rajoy de querer crear un maniqueo:

Usted intenta crear un maniqueo, que es que el Gobierno se ha dedicado al proceso de paz como tarea fundamental. No; es lo contrario, el Gobierno se ha dedicado a hacer una gran producción legislativa en materia de derechos sociales, de libertades individuales, a hacer medidas sociales, política económica, a bajar los impuestos –el IRPF y sobre sociedades-, a hacer un montón de leyes [...].

Un montón de leyes. Qué monada.

Ya todo el mundo sabe que el debate sobre el estado de la Poción –o pócima, o brebaje, o tósigo, o mejunje- que el PSOE sigue empeñado en hacernos tragar tuvo como componente más destacado la reiterada reclamación de que entreguen las actas de sus negocios con la Eta. Ciertamente nos alegramos de oírlo, dado que aquí ya lo apuntamos sin mucha esperanza un mes antes. Sin mucha esperanza en que se pidieran; es evidente que si el PSOE las diera serían falsas, y hoy nos quieren hacer creer que si existieran serían lo de menos, porque la comunicación real funcionaba a base de idas y venidas de un correveidile a Cuba y otros lugares del mundo, no se sabe si comiéndose en pedacitos los papelillos entre viaje y viaje.

Más que todas esas memeces nos interesa otra declaración de ZP en el mismo debate, que desde el momento en que la oímos en directo nos pareció insuperable como testimonio de su escasa capacidad intelectual, y esto ya no se puede decir que no lo dijo:

Y puedo añadir algo más, señor Rajoy, a toda la Cámara y a todos los españoles. Cuando llegué a la Presidencia del Gobierno como consecuencia de las elecciones del 14 de marzo de 2004, afirmé en esta Cámara que mi primer compromiso iba a ser la lucha contra el terrorismo y seguramente todos los ciudadanos pueden entender que tuviera esa responsabilidad como mi principal deber. Es fácil entender por qué. Porque era muy consciente, de lo más consciente, de que veníamos de una legislatura en la que había habido 192 muertos como consecuencia del terrorismo islamista y 44 muertos como consecuencia de la acción criminal de ETA. De esa legislatura veníamos. Cualquier responsable político que afronte esa situación como presidente de Gobierno después de esa legislatura tiene que hacer todo lo posible, intentar hasta el último momento poner fin a la violencia y que desaparezca la lacra del terrorismo. Eso es lo que todo político responsable hubiera pensado y decidido. [...] Por ese esfuerzo, en el que nunca he contado con su apoyo a pesar de los esfuerzos que he hecho, usted ha centrado solo la oposición en el terrorismo de ETA, por hacer –permítame que lo diga en estos términos- lo que toda persona de buena fe y con principios haría después de venir de una legislatura con 192 muertos del terrorismo internacional y 42 muertos de la banda terrorista ETA: intentar poner fin a ese horror y a ese dolor.

ZP hablaba en ese momento desde lo hondo de su alma diminuta, y la prueba es ese lapsus de que por una vez se le escapara “terrorismo islamista”, expresión que en el discurso de investidura juró que nunca saldría de su boca; rápidamente, como vemos, lo enmendó a “terrorismo internacional”.

Un ejemplo entre los miles que podrían servir para poner de manifiesto todo lo que implica dirigirse en esos términos al Parlamento es esto que José Díaz Herrera e Isabel Durán escribían en 2002:

En las cavernas de ETA, la negociación de la “Alternativa Democrática” es el eje de la actividad de la banda armada. ETA, sin embargo, es consciente de que no se dan las condiciones para llegar a un alto el fuego y obligar al Gobierno español a sentarse a una mesa a hablar. [...] en 1997 ETA es consciente de que nunca podrían derrotar al Estado con las armas en la mano. “ETA es como un cáncer que azota al cuerpo social. Antes, el tumor era capaz de destruir el cuerpo del paciente. Hoy, en cambio, puede ser aislado. Cualquier gobierno puede asumir veinte o treinta muertos anuales sin que el cuerpo social se resienta”, le había dicho años antes Luis María Ansón a Xabier Arzalluz en el Ministerio del Interior, en presencia del ministro José Luis Corcuera. [...] La información, vía PNV, había llegado a ETA. Los terroristas creen, por entonces, que se encuentran en un “empate infinito” con el Estado. Sus comandos, con su carga de brutalidad y ensañamiento, no son capaces de poner de rodillas a la nación española. La policía y la Guardia Civil, pese a sus esfuerzos, tampoco parecen capaces de poner fin a la violencia etarra. [...] Gran parte de la historia de ETA puede resumirse [...] en la persecución de una quimera, de un absurdo inalcanzable. El precio en vidas humanas que hemos tenido que pagar los españoles por el empecinamiento de la banda terrorista en mantener indefinidamente una “guerra” perdida de antemano con un enemigo que tiene más capacidad de resistencia es inaudito. Máxime si el objetivo durante veintinueve años ha sido que el Estado se siente a negociar una cuestión que, en la actualidad, dentro del marco de la Unión Europea, es imposible de obtener: la independencia de Euskadi y el retroceso político a la Europa de los pueblos, tras cuarenta y cinco años construyendo una unidad política, económica, policial, judicial y militar basada en la estructura y en las instituciones de las naciones, consolidadas durante cinco siglos (1).

¿Se puede atribuir al intelecto de Rodríguez la siniestra máquina que ha hecho que lo que era inconcebible hace sólo cinco años pasara a ser una posibilidad muy real dos años después? Francamente, cuesta creerlo. Hipótesis tan improbable sólo se sostiene por el permanente barullo del día a día, que tiene demasiado ocupados a nuestros observadores políticos. Pero una biografía psicopolítica de ZP la necesitamos ahora; dentro de veinte años no servirá de gran cosa. Es poco apetecible, pero alguien tiene que hacer el sacrificio: releer varios años -más de tres, sí- de declaraciones y actuaciones del personaje, y tomar nota de todas sus ausencias y aplazamientos, empezando por aquella reunión con un Aznar en funciones que quiso acordar con él qué se hacía con cierto reemplazo de nuestras tropas, reunión que tuvo que tener una segunda parte porque ZP no se atrevió a dar respuesta en el momento; y sacar las necesarias conclusiones sobre de qué estamos hablando. Viviendo como vivimos en los últimos tiempos, aturdidos de sobresalto en estupor, se nos olvida todo. Sosiego, señores: mírenle, repasen, y después quizá estén de acuerdo en que la pregunta, así como para algunos ya fue, a finales de marzo de 2004: ¿Y quién va a gobernar?, ahora debería ser: ¿Y de todo esto quién es el cerebro? O, como nos hemos acostumbrado a oír a propósito del 11-M: ¿Quién es el autor intelectual del “accidente” ZP? Porque el que sostiene las siglas y las cejas, el del "maniqueo", desde luego que no.

Aunque para volver a ganar las elecciones sí puede servir.

(1) José Díaz Herrera e Isabel Durán, ETA. El saqueo de Euskadi, Barcelona, 2002, pp. 673-675.
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