2008/02/26

¿Debate? ¿Qué debate?

Habrá que achacar al partidismo extremo de la mayoría de nuestros comentaristas políticos que en todas partes se hagan comentarios al “debate”, al “crucial debate”, al “histórico debate” de ayer, cuando es obvio que ni hubo tal debate ni podía haberlo, dadas las ortopédicas condiciones pactadas por el presidente Rodríguez y el aspirante Rajoy para su común comparecencia en algo más parecido a un concurso televisivo que a ninguna clase de discusión, disputa o controversia. Nadie puede debatir nada si de antemano se ha convenido en suprimir el vaivén dialéctico y cambiar de tema cada siete minutos.

Lo alarmante es saber que el fraude de hacer pasar por debate lo que sólo podía ser una serie de recitaciones alternas había sido concienzudamente convenido por ambos participantes. Coinciden, pues, en que sus votantes no merecen más chicha o materia de reflexión que un repertorio selecto de intenciones y acusaciones que ya les habíamos oído muchas veces, unido a la consideración de los méritos o deméritos de sus respectivos peluqueros, sastres, maquilladores y dentistas; y coinciden, salvo que el segundo capítulo del sucedáneo nos dé una sorpresa de órdago, en que a ambos les conviene escamotear lo que de veras se juega el día 9.

Claro que si hubiera habido debate tendríamos ahora otro problema de valoración, ya que de uno de los contendientes ha quedado establecido que mentir le parece perfectamente lícito. Pero a un mentiroso confeso y contumaz, ¿a qué preguntarle qué piensa hacer? ¿Qué valor dar a lo que diga?

En ese sinsentido estamos. Aparentemente, muchos millones de españoles van a votar para la presidencia del gobierno a un mentiroso, sabiendo que lo es.

¿Ninguno de ellos tendrá treinta segundos para pararse a pensar lo que eso significa?
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1 Comments:

At 11:13 p. m., Anonymous Anónimo said...

.Remontémonos al 69, John Holt, docente durante cerca de 20 años en la Harvard Graduate School para la preparación del profesorado, autor de “EL FRACASO DE LA ESCUELA” (Alianza Editorial-1977), respondiendo a preguntas formuladas por los redactores de Education News, Nueva York, dice:
PREGUNTA: Si las escuelas norteamericanas diesen este año un gigantesco paso adelante hacia un futuro mejor ¿cuál sería?
RESPUESTA: El de dejar que cada niño fuese el planificador, director y asesor de su propia educación (…) y con toda la ayuda que solicitara, permitirle y estimularle a que decida lo que quiere aprender, cuándo y cómo quiere aprenderlo (…) Consistiría en transformar nuestras escuelas de lo que son actualmente, esto es, cárceles para niños, en una fuente de aprendizaje libre e independiente, que cualquier persona de la comunidad, de la edad que fuere, podría utilizar en la medida que quisiera”.

¿Acaso estas pocas palabras no lo resumen todo?

Efectivamente, Martinito, la concepción actual de la educación es uno, qué digo uno, el principal mal de nuestro país. El problemas básico, porque de él se deriva no sólo la brutalidad estructural de los actuales jóvenes, sino que es el caldo de cultivo de todos los rencores, holgazanerías, olvido de valores esenciales como virtud, esfuerzo, verdad. Con la llegada de ese caballo de Atila que son los pedagogos, (y al grito de la palabra mágica ESTIMULAR) el más absoluto caos se adueña de las aulas. Tomemos una diócesis de esa pedagogía modelna, juntémosla con las ideas de Mayo del 68, agítese convenientemente, y nos producirá inevitablemente la melopea zapateril. Lamentablemente, también Rajoy flojea en lo que se refiere a la enseñanza, cifrándolo todo en el aprendizaje de las nuevas tecnologías y el inglés, con lo cual nuestros jóvenes, en el mejor de los casos, serán expertos que mirarán con extrañeza, si es que llegan a mirar, los principios morales que son base y vértice de la civilización cristiano- occidental..
El amigo de Kierkegaard
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