2008/03/23

Pascua nueva


Las dos grandes fechas del calendario cristiano, la Navidad y la Pascua, hablan de vida: de empezar a vivir y volver a vivir.
Por puro azar que no hace al fondo de las cosas pero puede iluminarlo, este año una Pascua muy temprana coincide en España con la señal potente de la renovación de la vida, las hojas nuevas, las flores nuevas.
Pero este año, como todos, nuestra Semana Santa colectiva, pública y visible no acaba de hacerse Pascua, resurrección, nueva vida, más vida. En el punto donde se quedaron nuestras tradiciones, nuestro folclore y nuestra complacencia, no suele estar el Resucitado, aquél que comió y bebió con sus discípulos, aquél que les estaba esperando en la orilla con el fuego encendido, el pescado asado y el pan.

Morimos con los que mueren:
Vedlo, se van y nos vamos con ellos.
Nacemos con los muertos:
Vedlo, regresan y nos traen con ellos.


T. S. Eliot no era español, eso se ve.

Y, poco más allá:

No cesaremos de explorar
Y el fin de tanta exploración
Será llegar al lugar de donde salimos
Y conocerlo por primera vez.


¿Sería posible, todavía, aquí? Porque la pregunta no debe ser, de ningún modo debe ser, si se puede “ser cristiano” en España; la pregunta no es ésa, y por muchas razones de ayer y de hoy, por concordia o caridad entre otras, sería mejor no hacerla. La pregunta es si aún podemos descubrir la Resurrección los españoles, descubrir la Vida que nos abarca y nos hace vivir, descubrirla también allí donde una y otra vez se nos ha hecho creer que no estaba.

En el árbol que acaba de florecer sin decir nada, de un día al siguiente, nos ha venido la Pascua. Alegrémonos, demos gracias, seamos dignos. Probemos a dejar de odiarnos. Vivamos.
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