2008/12/23

Navidad, la humildad del que nos hizo



Ahora comprendo, y me llena de profunda alegría, que el humillarse de mi origen para salir a mi encuentro no es un acto de su conmiseración, sino un rayo de su gloria. ¡Porque mi origen me ama! Rebajarse hasta mí es la ley de su naturaleza más íntima, es su corazón divino. Dios no se humilla porque nosotros seamos pecadores; más bien habría que decir que si podemos pecar es porque Dios es humilde.

Luciano Mazzocchi, Il Vangelo secondo Giovanni e lo zen, Bolonia, EDB, 1999, p. 224.

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