2006/08/05

La mujer en la doctrina islámica: un breve resumen


Meses atrás señalamos esta compilación de textos sobre el islam en español. Ahora queremos destacar el titulado "Estatuto jurídico y condición de la mujer en el Islam", que en su primera parte ofrece la justificación textual de los principales componentes de la visión islámica de la mujer y sus derechos mediante citas literales del Corán, los hadices y otras fuentes autorizadas. Ese anclaje en los textos ortodoxos le concede un gran valor, por lo que recomendamos encarecidamente su lectura íntegra, aquí. Al mismo tiempo, para comodidad de nuestros lectores y a efectos de comparación con lo que pronto publicaremos sobre la situación actual de las mujeres en el Irán y otros países musulmanes, hemos creído conveniente reproducir los enunciados de ese resumen -redactados por J. M. S.-, sin las citas que acompañan a casi todos ellos. De este modo el lector podrá hacerse fácilmente una primera idea de las cuestiones básicas.

Lo añadido entre corchetes es nuestro.


Estatuto jurídico y condición social de la mujer en la cultura islámica
por J. M. S. (texto abreviado)

Introducción

El fundamento de la condición jurídica y social de la mujer musulmana es el Corán y el hadiz. Sobre estas bases fue edificado el derecho islámico por el consenso de la umma, la comunidad musulmana, consenso que no es a la postre sino el de los letrados: “La práctica se basaba en la doctrina unánime de los estudiosos de la religión” (Schacht). La Muwatta de Malik ibn Anas, por ejemplo, constituye la autoridad exegética de los seguidores de la escuela maliquí sobre los textos canónicos. Uno de los más importantes letrados que llevaron a cabo la tarea interpretativa fue Ghazzali (Algacel, 1058-1111), con el cual se clausura la puerta de la interpretación o ijtihad. No es aquí objeto de consideración la cuestión de la verdad del hadiz, a la que [se] han consagrado páginas destacadas: Bukhari descartó como ficticios la mayoría de los que circulaban en su tiempo, admitiendo en su Sahih sólo una pequeña proporción como auténticos. Hurgronje y Schacht afirmaron que todas las tradiciones, incluidas las que Bukhari consideró auténticas, habían sido creadas mucho después de la época a la que hacían referencia. El hadiz tiene como una de sus misiones primarias explicar y comentar el Corán; sirve también para autorizar la ley a la que afecta, así como también en general las costumbres admitidas por la comunidad; merece por tanto ser tomado en suma consideración. [...]

La condición de inferioridad de la mujer

El hombre y la mujer no son iguales. Su desigualdad procede de la disposición creadora de Alá y es esencial, ontológica: el hombre es superior a la mujer. De ahí deriva la diferencia de derechos y obligaciones para unos y otros.

La mujer ha sido creada para el hombre: es uno de los milagros de Alá.

Sin embargo, el Corán “afirma la igualdad de trabajos de los sexos y la unidad de origen de ambos sexos” (Rafiqul-Haqq y Newton).

El hombre tiene autoridad sobre la mujer, por la preferencia que Alá le ha concedido y por los bienes que gasta a favor de sus mujeres. Éstas han de obedecer al jefe de la familia, su padre o abuelo paterno, o a su marido, si están casadas.

La autoridad del marido es omnímoda, mientras no vaya en contra del islam: la mujer no puede salir de casa ni admitir en ella a ningún hombre, buscar trabajo, realizar oraciones o ayunos extraordinarios o dar limosna, sin su consentimiento.

El matrimonio musulmán

La mujer se convierte por el matrimonio en una “especie de” esclava en manos de su marido. No tiene la condición del esclavo, no puede ser vendida y tiene derechos de los que éste carece, pero sí comparte cierto grado del sometimiento a la autoridad de su amo.

La mujer, o más bien su cuerpo, es una propiedad del marido, como un campo labrado del que éste dispone para la siembra.

Cuando la muchacha es púber y virgen, su matrimonio es concertado por su padre (o abuelo paterno).

Hay que deliberar con la mujer que ya ha estado casada antes de darla de nuevo en matrimonio. En cuanto a la mujer que es virgen, consiente el matrimonio con su silencio: se puede decir en este caso que quien calla, otorga.

El matrimonio es un contrato, que tiene ventajas e inconvenientes.

El contrato matrimonial es realizado por el novio y el tutor matrimonial de la novia, sin que la presencia de ésta sea necesaria.

La dote desempeña un papel relevante: el marido compra mediante ella el derecho a disponer de las partes íntimas de su mujer. “El objeto del contrato es, para el marido, el derecho a la mujer; para la mujer, el derecho a recibir el mahr o sadaq, dote nupcial estipulada... Es nulo el matrimonio sin el pago del mahr. Si después de formalizado el contrato, éste se rescinde antes de que se haya consumado el matrimonio, la mujer tiene derecho a percibir la mitad del mahr, Corán 2:237” (Islamología, II, p. 567).

Si la novia pretendía ser virgen antes de casarse, pero el marido descubriera que está embarazada, el hijo que nazca será el esclavo del marido y la mujer será tratada como fornicadora.

Es recomendable que el marido dé a la novia una dote moderada. Que la mujer exija una dote elevada es un acto reprobable.

La poligamia

Al hombre le está permitida la poligamia (poligamia poliginia), con la condición de tratar a sus esposas equitativamente. El hadiz la recomienda: los mejores musulmanes son los que tienen mayor número de esposas.

La mujer también tiene sus derechos: su marido debe respetar sus bienes, proveer a sus necesidades y tratarla equitativamente; pero no se encuentra entre ellos el de casarse con varios hombres (poliandria).

El marido debe tratar equitativamente a sus esposas, si las tuviera: la igualdad se refiere únicamente a los gastos y a los regalos que el marido les da, y a las noches que pasa con ellas; el amor y las relaciones íntimas no dependen de su voluntad, amarlas por igual no es posible (Algacel).

El número de esposas con que un musulmán puede estar casado al mismo tiempo es de cuatro.

Mahoma no tuvo esta limitación, y poseyó al menos diez esposas legítimas simultáneamente, sin contar las concubinas.

[Inciso: Conviene conocer la “revelación” por la que Mahoma se declara a sí mismo excepcionalmente eximido de la norma: “¡Profeta! Hemos declarado lícitas para ti a tus esposas, a las que has dado dote, a las esclavas que Alá te ha dado como botín de guerra, a las hijas de tu tío y tías paternos y de tu tío y tías maternos que han emigrado contigo y a toda mujer creyente, si se ofrece al Profeta y el Profeta quiere casarse con ella. Es un privilegio tuyo, no de los otros creyentes – ya sabemos lo que hemos impuesto a estos últimos con respecto a sus esposas y esclavas, para que no tengas reparo. Alá es indulgente, misericordioso.” (Corán 33:50, traducción de J. Cortés)]

El musulmán puede casarse con musulmanas o con mujeres dhimmíes [esto es, judías o cristianas]. Le está prohibido casarse con mujeres infieles o asociadoras [esto es, “politeístas”].

La mujer musulmana sólo puede contraer matrimonio con varones musulmanes. No puede casarse con un hombre de otra fe a menos que éste se convierta antes al islam.

Deberes de la mujer casada

La mujer debe atender solícitamente los requerimientos de su marido.

La mujer musulmana debe vestirse y actuar recatadamente ocultando sus encantos naturales.

Después de los primeros tiempos del islam, se extendió la reclusión y el velo en las ciudades-fortaleza instaladas en los territorios conquistados.

El marido musulmán tiene derecho a corregir a su mujer.

El marido tiene derecho a golpear a su mujer: nadie le preguntará por qué razón. La exhortación de pegar a la esposa desobediente no es una aberración, curiosidad, concepto aberrante, o elemento aislado, en la consideración islámica de las mujeres[;] más bien, el mandato de golpear a las esposas desobedientes está fundado sobre la condición subordinada de la mujer en el islam.

En su versión del Corán, Yusuf Ali añade a la traducción literal, poniéndolo entre paréntesis: “A aquellas mujeres que temes que sean desobedientes, amonéstalas (primero), (a continuación), niégate a compartir sus lechos; (y en último término) golpéalas (ligeramente)”. Estas adiciones no se encuentran en otras traducciones, y sin duda Yusuf Ali está pensando en suavizar su versión para el lector occidental.

El marido debe efectuar la corrección de la mujer ciñéndose a ciertos procedimientos y normas, no todo le está permitido, como dejarse llevar por la violencia del arrebato pasional. La obra de corrección ha de tener el marchamo de la racionalidad. El juicio y la decisión de corregirla dependen absolutamente del marido.

Cuando el marido teme la desobediencia de su mujer, el Corán le recomienda el uso de la violencia y el abandono sexual. Pero cuando una mujer teme la desobediencia de su marido, recomienda a ésta la diplomacia.

[Inciso: Las palabras “desobediencia de su marido” parecen un desliz del autor, a la vista de la cita coránica inserta en este punto: “Y si una mujer teme malos tratos o aversión por parte de su marido, no hay inconveniente en que se reconcilien, pues es mejor la reconciliación”. (Corán 4:128)]

El hadiz, por otra parte, encarece a los hombres el tratar bien a las mujeres que dependen de ellos.

El repudio

Talaq, repudio, tiene en árabe la significación radical de verse libre de atadura. Por el talaq renuncia el marido en forma definitiva e inmediata a cuantos derechos le competen sobre la mujer por razón de su matrimonio. Los juristas defienden esta resolución citando el Corán, 2:237, que pone el vínculo en manos del marido, y recuerdan que el matrimonio se asimila a una venta, y el comprador puede renunciar en cualquier momento a los derechos sobre lo adquirido.” (Islamología, II, p.568)

El marido tiene la facultad de repudiar a su mujer. Puede repudiar a sus cuatro mujeres a la vez y tomar otras cuatro. El divorcio es lícito, pero no es un acto recomendado.

También se recomienda al marido, en caso de aversión por su mujer, que la soporte con paciencia.

El marido debe tener en cuenta la opinión de su padre: si éste tiene aversión por su nuera, debe divorciarse.

El marido tiene derecho de repudio sin tener que justificar ante el juez su decisión.

La repudiada debe esperar un periodo prescrito (‘idda) para comprobar que no está embarazada.

El marido puede volver a tomar a su mujer durante el periodo de espera.

Durante la ‘idda una esposa divorciada recibe su pensión y tiene derecho a alojamiento, con tal que el divorcio no sea irrevocable.

No hay pensión de manutención ni alojamiento para la esposa que ha recibido el divorcio irrevocable.

La mujer no puede repudiar a su marido. En ciertas circunstancias, el divorcio es obligatorio para ella, por ejemplo, cuando su marido apostata, o cuando ella se convierte al islam siendo su marido no musulmán, o cuando el marido es dado oficialmente por desaparecido.

El marido musulmán puede conceder a la esposa la opción de continuar con el matrimonio o disolverlo.

La mujer no debe pedir a su marido que se divorcie de ella. Podría solicitar el divorcio, pero éste se convierte en motivo de reprobación para ella y la pone en una situación sociológica muy frágil (Samir K. Samir).

Si, de todas formas, la mujer solicita el divorcio, debe compensar a su marido.

Cuando el marido pronuncia por tres veces (sucesiva o simultáneamente) la fórmula de repudio: “Queda repudiada”, el divorcio es definitivo. Después del divorcio definitivo, para volver con la esposa tres veces repudiada es necesario que ésta se case con otro hombre y consume el matrimonio, incluso aunque ella esté deseosa de volver con su verdadero marido. El hombre que realiza la tarea de volver a hacer legítima a la mujer con su marido se denomina el muhalil, “el que legitima” de nuevo el matrimonio con el primer esposo.

Derechos de las coesposas y concubinas

Las coesposas tienen teóricamente derechos iguales. En la práctica, ante la amenaza de repudio, una esposa puede preferir renunciar a estos derechos a favor de las otras, para que el marido la mantenga en su harén. ¿Qué protección tiene la mujer repudiada que queda sin familia? De esta cuestión no se trata en la jurisprudencia islámica.

Swada, una de las esposas más antiguas de Mahoma, después de Khadija, renunció a sus derechos a favor de la esposa preferida, ‘Aicha.

El marido debe pasar un número igual de noches en el apartamento de cada coesposa, con la excepción de cada nuevo matrimonio, para el que se le concede una prórroga de tres o siete noches.

El concubinato ilimitado está permitido al marido. Las concubinas pueden ser esclavas o prisioneras de guerra. La esclava concubina que da a luz un hijo a su amo (umm walad) adquiere el derecho de que no puede ser vendidad, y a la muerte del amo obtiene la libertad. Pero no puede ascender a la categoría de esposa legítima.

En teoría, el concubinato fue una alternativa a la poligamia. En la realidad histórica, se produjo poligamia más concubinato.

Matrimonio temporal

El matrimonio temporal o de placer, muta’h, fue autorizado por Mahoma en los primeros tiempos del islam y prohibido poco después. Todavía está vigente entre los chiítas.

Derechos de la mujer

A la mujer le corresponde una parte de la herencia menor a la del varón (del mismo grado). Y el islam reconoce como herederos a los parientes cognados (por parte de la esposa).

En la experiencia histórica, se ve que no siempre se ha respetado o se respeta el derecho de la mujer a la herencia. Las esposas dhimmíes de un varón musulmán no tienen derecho a heredar de éste si no se convierten al islam.

Las penas por delitos cometidos contra la mujer reciben la mitad del castigo que [por] los cometidos contra el varón. La diya o precio de sangre por homicidio de una mujer constituye la mitad que la del varón.

La mujer recibe un castigo igual que el hombre por la misma falta.

O puede recibir un castigo mayor que el varón, como ocurre en el caso de faltas contra la castidad (homosexualidad).

En caso de apostasía, la mujer es encarcelada hasta que vuelva al islam, mientras que el varón apóstata es ejecutado. La apostasía de la mujer es castigada menos duramente que la del hombre: quizá por ser un delito que pone de manifiesto una deficiencia intelectual –que el islam presume en la mujer–.

No obstante hay tradiciones que afirman que es lícito matar a la mujer que ha apostatado.

Según la escuela maliquí, el derecho de custodia (hadana) pertenece a la madre, después del repudio, y dura hasta que el muchacho tenga poluciones nocturnas (la pubertad), y, para la muchacha, hasta que se case y entre en la morada del marido (al-Qayrawani, La Risala, p. 199). Los hijos han de ser educados como musulmanes obligatoriamente, aunque la madre sea cristiana o judía.

Los deberes del marido para con la esposa consisten en proveer a las necesidades de ésta y en velar por que cumpla con sus obligaciones religiosas; los deberes convenientes para la mujer son el gobierno del hogar, el cuidado de los hijos y atender a los requerimientos del marido.

El hijo de un musulmán y una mujer dhimmí es necesariamente musulmán. Si la madre muere con el niño en su seno, no puede ser enterrada en un cementerio cristiano o judío.

El testimonio de la mujer en juicios por delitos castigados con penas hadd (pl. hudud) no es admitido. Las penas hadd están establecidas en el Corán: amputación, latigazos, crucifixión, lapidación para delitos graves: robo, fornicación, embriaguez, apostasía, adulterio... En delitos menores, su testimonio vale la mitad que el del varón, a causa de su deficiencia de inteligencia y falta de memoria.

La mujer alcanza la mayoría de edad antes que el varón: requisito para que pueda contraer matrimonio.

La mujer no puede desempeñar el oficio de cadí ni ejercer como imán ni predicador en la oración ritual.

La mujer musulmana no puede hacer sola un viaje de un día y una noche de distancia sin compañía del mahram protector, el pariente “con quien no es lícito el matrimonio”.

La circuncisión femenina no es obligatoria; tampoco la masculina. La mutilación genital es una práctica extendida en países islámicos.

Cualidades y defectos de la mujer

La mejor esposa es la más prolífica.

La mujer estéril es un deshonor para su marido: se recomienda que se divorcie de ella.

Mahoma aconsejó no casarse con mujeres estériles.

Las vírgenes fueron, en general, recomendadas. Pero en ciertos casos era preferible elegir a una mujer con experiencia.

La mujer no puede acrecentar el honor de la familia, salvo dando a luz a un hijo varón, pero puede hacer que el honor familiar disminuya o se pierda.

La mujer es deficiente en inteligencia. ¿Por qué es [sic] así? Porque su testimonio vale la mitad que el del varón y porque no puede rezar durante la menstruación.

No se está describiendo la deficiencia de la mujer en los primeros tiempos del islam, sino la condición de la mujer en toda época, vinculada al Corán y válida hasta el día de la Resurrección. De hecho, “la expresión ‘naqisatan ‘aqlan wa dinan’ (deficiente en inteligencia y religión) es uno de los lemas y axiomas de la vida de las masas en los países árabes” (Rafiqul-Haqq y Newton).

La menstruación es un mal. Es un defecto de las mujeres[,] que no pueden rezar ni ayunar durante sus periodos.

“Las reglas de la pureza prevén que yo no pueda saludar a una mujer, porque podría tener la menstruación que la hace impura y, al tocarla, también yo quedaría impuro” (Samir Khalil Samir).

La presencia de la mujer es funesta para el hombre; puede invalidar la oración ritual. La mujer es aciaga, como la casa, los caballos, los camellos, etc. La azalá puede ser anulada por la aparición de una mujer frente al orante.

La mujer es imperfecta, pero el marido tiene que tomarla tal como es para obtener beneficio de ella.

Nada es más perjudicial al hombre que la mujer.

Las mujeres despojan a los sabios de su sabiduría.

Entre las criaturas inferiores, la mujer goza de la capacidad de dominar a los hombres a causa de la excitación sexual.

El marido no debe dejar la autoridad familiar en manos de su mujer: más bien está obligado a educarla mediante la contradicción. El islam supone que la mujer no sabe controlarse, y el marido, que como hombre es capaz de hacerlo, tiene el cometido de educarla.

Los pueblos gobernados por mujeres nunca tendrán éxito.

Sólo los hombres recibieron la revelación. Alá sólo ha enviado a hombres como mensajeros, no a mujeres.

Según el islam, sólo tres mujeres han llegado a la perfección, mientras que son muchos los hombres que han alcanzado dicho rango.

Las mujeres no suelen ser nombradas en el Corán por sus nombres propios, sino por apelativos: “madre de”, “hija de”, “esposa de”.

El hombre goza de un elevado rango junto a Alá, en comparación con la mujer. Si Alá permitiera la prosternación a otro que a Él, la mujer debería hacerlo ante su marido, por el “particular derecho” sobre ellas.

Sólo el varón tiene obligación de orar en la mezquita. Para la mujer es un mérito rezar en la casa.

La mujer está exenta de participar en la guerra santa: su yihad es la peregrinación.

Alá ha ordenado a los hombres el matrimonio. El matrimonio es un gran bien, aconsejado a las mujeres por Mahoma, como un camino eficaz para obtener la salvación.

Todos los profetas están casados: “En cuanto a Jesús (la paz sea con él), se casará cuando descienda a la tierra y tendrá hijos” (Algacel). El matrimonio forma parte de la tradición musulmana. Si no puede casarse, el musulmán deberá ayunar.

Si el marido está satisfecho de su mujer, ésta va al paraíso.

Pero la mayoría de los habitantes del infierno son mujeres: sus maridos posiblemente no estén satisfechos de ellas.

La ingratitud hacia sus maridos ha conducido a muchas mujeres al fuego.


En la página original se hallarán referencias bibliográficas y otras informaciones.

Es interesante observar a los actuales propagandistas del islam en sus esfuerzos por hacer tragar la amarga píldora de la desigualdad femenina, a la que de ningún modo parecen dispuestos a renunciar. Entre infinitos ejemplos citaremos aquí un par de muestras de lo que sostiene el sitio Inforislam (La mujer en el islam: islam vs. judeocristianismo), tras un comienzo no demasiado prometedor:

La situación de la mujer en el Islam no plantea problema alguno. La actitud del Corán y de los primeros musulmanes testimonia el hecho de que la mujer es, por lo menos, tan vital para la vida como el hombre y que no es inferior a él, ni pertenece a una de las especies inferiores.

O sea, que el islam reconoce que la mujer es necesaria para la vida, y que no es un mono ni un cerdo (como los antepasados de los judíos). Respiramos aliviados.

Que el testimonio de una mujer valga la mitad que el de un hombre se justifica así:

En algunos casos de atestiguación de determinados contratos civiles, se requieren dos hombres, o bien un hombre y dos mujeres. Tampoco esto indica que la mujer sea inferior al hombre. Es una medida para asegurar los derechos de las partes contratantes, porque la mujer, por regla general, no está experimentada en la vida práctica como el hombre. Esta falta de experiencia puede perjudicar a cualquiera de las partes en un contrato dado. Por eso, la ley requiere que por lo menos testifiquen dos mujeres con un hombre. Si una olvida algo, la otra se lo recordará. O si comete un error, dada la falta de experiencia, la otra le ayudará a corregirlo. Se trata de una medida de precaución para garantizar las acciones honradas y tratos adecuados entre los individuos. En cualquier caso, la falta de experiencia en la vida civil no significa necesariamente que la condición femenina sea inferior a la masculina. Todo ser humano carece de algo, pero ello no debe suscitar dudas respecto a su condición humana.

Y así se justifica el que las mujeres deban situarse detrás de los hombres en la oración (si quieren ir, se entiende, y no se lo prohíbe el estado de impureza de la menstruación):

Que la mujer esté situada detrás del hombre en la oración no indica en absoluto que sea inferior a él. Como ya se ha mencionado, la mujer está exentade asistir a las plegarias comunitarias que son obligatorias del hombre. Pero si participa en ellas, se mantiene en filas aparte formadas exclusivamente por mujeres. Lo mismo que los menores se agrupan en filas separadas detrás de los adultos. Es una norma de disciplina en la oración, y no una clasificación por importancia. En las hileras de hombres, el jefe de estado reza, hombro con hombro, con el pobre. los hombres a las categorías sociales más elevadas están al lado de otros hombres de las categorias más bajas. El orden de las filas en la oración persigue ayudar a todos a concentrarse en la meditación. Es muy importante, porque los rezos musulmanes no son simplementes cantados ni soniquetes. Implica acciones, movimientos, estar de pie, hacer reverencias, postrarse, etc., si los hombres se mezclaran con las mujeres en las mismas filas sería posible que algo les molestara o distrajera su atención. La mente estaría ocupada por algo ajeno a la oración y se apartaría de la abstracción meditativa. El resultado turbaría los propósitos de la plegaria y constituiría un pecado de adulterio cometido por los ojos, porque los ojos -al mirar las cosas prohibidas- puede ser culpable de adulterio, tanto como el corazón. Además, no está permitido que ningún musulmán, hombre o mujer, tocar el cuerpo de otra persona del sexo opuesto durante la oración. Si los hombres y las mujeres están mezclados no se puede evitar tocarse. Más aún, si una mujer está rezando delante de un hombre o al lado suyo, es muy posible que quede al descubierto alguna parte de su cuerpo vestido, después de un determinado movimiento de reverencia o postración. Los ojos del hombre pueden estar mirando la parte descubierta lo que perturbará a la mujer y expondrá al hombre a distracción o a malos pensamientos. Por ello, para evitar la turbación y la distracción, para ayudar a concentrarse en la meditación y en los pensamientos puros, para mantener armonía y el orden entre los orantes, para cumplir los verdaderos propósitos de la oración, el Islam ha ordenado la organización en hileras con los hombres ocupando las primeras líneas, los niños detrás de ellos y las mujeres a continuación de los niños. Cualquiera que tenga algún conocimiento de la naturaleza y los fines de la oración musulmana entenderá rápidamente la sensatez de formar las filas de orantes de esta manera.

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11 Comments:

At 3:44 p. m., Anonymous José Javier said...

Interesantísimo.

Te linkeo

 
At 4:35 a. m., Blogger Thymus Water said...

Muy interesante tu aportación. Me he permitido poner una referencia en mi blog.
Se agradece información bien documentada. Buen trabajo.

 
At 4:39 a. m., Blogger Thymus Water said...

Muy interesante la información y documentación que has aportado. Se agradece.

Me he permitido poner un enlace a mi blog.

Gracias.

 
At 1:30 p. m., Anonymous Anónimo said...

Zp.....¿Legalizará la poligamia en España?

 
At 2:00 a. m., Anonymous Anónimo said...

muy interesante y muy buen narrado. sabes la verdad yo estoy enamorado de una mujer musulmana pero tengo dudas si ella pueda compartir su vida con un catolico puedes aconsejarme my email es rtr1579@yahoo.com.mx estudiamos juntos ingles en california ella tiene 5 meses en el pais , que posibilidades tiene alguien como yo de conquistar a una irani

 
At 10:06 a. m., Blogger Martinito said...

Respuesta al último Anónimo:
Gracias por el comentario. El mérito no es de Martinito sino de J.M.S., el autor del estudio original (enlace al principio). En materia tan personal no podemos dar consejos, amigo Anónimo; pero sobre las dificultades prácticas que puede plantear un matrimonio mixto de este tipo, consideradas desde el punto de vista católico, existe un buen estudio en la red, en esta dirección:
http://www.iuscanonicum.org/articulos/art049.html

Vale la pena leerlo. Ahí se recuerda, por otra parte, que el islam prohíbe el matrimonio de una musulmana con un "infiel", aunque no al contrario.

Saludos y buena suerte.

 
At 3:19 p. m., Anonymous Anónimo said...

muy bien muy bien un aplauso por favor la mayoria las cosas que plantea sobre la mujer en el matrimonio no son exactamente asi por mucho que te informes o que estudies sobre MI RELIGION el islam no sabras tanto como un musulman esto que cuenta ya no existe en estos tiempos en la mayoria de los paises arabes musulmanes el islam es mucho mas alla que una simple religion...

 
At 11:00 p. m., Anonymous Anónimo said...

hola buenas tardes

mi nombre es carolina y quiero saber si el matrimonio entre turcos y cristianos es posible.

muy interesante su informcaion


exitos.

 
At 1:21 a. m., Anonymous Anónimo said...

eso es una cosa terrible no s epuede hacer eso a la mujer eso es super malo aunque para su religion fuera bueno a mi de da = yo soy mujer y no meresco esas cosas horrendas que hacen los hombres y mujeres somos iguales aunque no uieran pss...

 
At 11:46 a. m., Anonymous Anónimo said...

Pésimo!! las referencias a las que indicas son páginas web sionistas, que nada tiene que ver con fuentes veridicas. eL QUE QUIERA DE VERDAD SABER DE QÉ VA EL Islam y la posición de la mujer, sólo tiene que leer el Corán directamente, no hay barreras ni intermediarios, atreveros a aprender!! os recomiendo islamweb.com y islamhouse.com
Muy mala propaganda islamofoba, qué teneís en contra de la religión que más crece?

 
At 12:10 a. m., Anonymous Anónimo said...

Agradesco ala vida el no ser musulmana

 

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