2007/03/02

Redeker y la Francia servil (y III)

No es fácil desengancharse del show pornozetapetarra -"A la cama con De Juana", "Sírvele a Chaos más sobaos" y otros célebres gags, o sea guaags-, pero antes de volver al desastre nacional vamos a cerrar esta pequeña glosa del caso Redeker.

El motivo del debate en France3 fue la publicación del libro Il faut tenter de vivre, donde Robert Redeker relata sus experiencias de rata de alcantarilla por la osadía de censurar el islam a cara descubierta. Un buen artículo de Carlos Semprún recapitula la historia y comenta el libro; vale la pena reproducir un par de párrafos:

Quedan algunas cuestiones graves, que el libro no zanja de verdad: aunque Redeker muestra de manera espeluznante el pánico que suscita el islam en Francia, y peor aún, la solidaridad con el terrorismo islámico de buena parte de la izquierda, por antiyanquismo, antisemitismo y antiliberalismo ("Cada día que pasa, más me doy cuenta de la gravedad de la corrupción intelectual y moral que pudre a la izquierda de este país", escribe el profesor perseguido), no nos dice si todos los que le defendieron –no fueron muchos– lo hicieron sólo en nombre de la libertad de expresión o eran, además, conscientes del peligro islámico que se extiende por Francia.

Defender la libertad de expresión es, desde luego, indispensable, no se puede transigir, pero, esos mismos que han reafirmado ese sagrado principio de la democracia, ¿son conscientes del peligro del totalitarismo islámico? Lo dudo. Y es que he leído y oído (hasta en el comunicado oficial de Le Figaro, tras el escándalo) demasiadas declaraciones del tipo: "No estamos de acuerdo con Redeker", "pero exagera", "pero se equivoca profundamente", "pero..." ¿Las amenazas de muerte que recibe son un crimen o sólo "faltas de educación"?

Semprún habla de (in)consciencia, Redeker de corrupción intelectual. Seguramente se trata de ambas cosas, pero de lo segundo en particular hay dos ejemplos muy instructivos en el citado debate de France3. Ahí son sobre todo dos interlocutores quienes discuten con Redeker, en el doble sentido de debatir con él y llevarle la contraria: los escritores Henri Pena-Ruiz y Abdelwahab Meddeb, el primero presentado como "filósofo" y el segundo como "ensayista y poeta", el primero una especie de autoproclamado apóstol de la laicidad, el segundo (musulmán de origen) un "crítico radical del islam" según sus propias palabras. Evidentemente dos "intelectuales", que en el debate compiten por ver quién de los dos defiende con mayor vehemencia el derecho de Redeker a escribir lo que le parezca, aunque -faltaba más- no estén de acuerdo con lo que escribe. Hay que reconocer que fueron bien elegidos como representantes de sendas posiciones que aparecen con enorme frecuencia cada vez que se habla de la ofensiva islamista, y por eso nos parece interesante citarles aquí.

La tesis de Pena-Ruiz es bien simple: en las tres religiones "del libro" (es decir, el judaísmo, el cristianismo y el islam; conviene recordar que esa denominación es islámica) hay invocaciones a la violencia y a la paz; lo que ha hecho Redeker en su artículo al decir que el Corán es un libro de violencia inusitada y contraponer las tres religiones a ese respecto (había escrito Redeker: "Mientras que el judaísmo y el cristianismo son religiones cuyos ritos conjuran la violencia, la deslegitiman, el islam es una religión que incluso en su texto sagrado, así como en algunos de sus ritos banales, exalta la violencia y el odio") no es más que una lectura selectiva. Igual de violento, si vamos a eso, es el Antiguo Testamento. También el judaísmo puede inspirar la violencia. También el cristianismo: los "cientos de miles" de víctimas de la Inquisición lo fueron sobre la base de la alusión de Jesús a la quema de la cizaña.

Hay que ser un tipo realmente original para atribuir las acciones de la Inquisición a la parábola de la cizaña; véala el lector en Mateo 13, 24-40, y juzgue por sí mismo. Lo corriente, en cambio, el tópico manido, es afirmar que, si es innegable la carga de violencia que hay en el Corán, ¡también la hay en el Antiguo Testamento!

Aunque tratando acerca del islam hay que recordar siempre que tan normativos como el Corán son los dichos y hechos de Mahoma, ese "bello modelo" para la humanidad cuyas acciones sangrientas -la ejecución en masa, el asesinato por encargo- no censuraron sus primeros biógrafos, de modo que la referencia exclusiva al Corán puede ser deliberadamente engañosa, lo cierto es que en cuanto a violencia el libro sagrado islámico no defraudará a poco que se hojee, mientras que para encontrar algo paralelo en la Biblia hebrea sí que hay que buscar. Facilitémoslo. La lista de pasajes más exhaustiva podría ser ésta: Números 31, 7-17; Deuteronomio 2, 33-34; 3,6; 20, 13-18; Josué 6,21 y 24; 8, 24-25; 10, 2-40; 11, 11-23; Jueces 5 y 6; 1 Samuel 15, 3-9; 27, 8-11; 1 Reyes 18, 40; 1 Crónicas 5, 22.

La mayoría de esos pasajes no son prescriptivos sino históricos, y no parece que se pretendiera construir sobre ellos las pautas de comportamiento habitual del pueblo de Israel. En cuanto al judaísmo post-exílico, o lo que normalmente se entiende por judaísmo como tradición religiosa que ha perdurado a lo largo de los siglos hasta el presente, la verdad es que un "intelectual" como Pena-Ruiz tiene que ser bastante desvergonzado para atribuirle inclinaciones violentas. Pero nunca fue tan fácil mentir en público impunemente como lo es hoy frente a una cámara de televisión.

Pasemos a la otra variedad de corrupción intelectual, la representada por el tunecino Abdelwahab Meddeb. Meddeb utiliza el socorrido juego de manos de embarullarlo todo mezclando a conciencia la doctrina llamada islam con el grupo de población llamado islam (¡que todavía estemos en esto, santo Job!). Quienes nos hemos criado en el islam no somos monstruos, repite incansablemente; ¡yo no me siento monstruo!, como si el artículo de Redeker hablara de monstruos y pretendiera ser un retrato de Abdelwahab Meddeb. Asegura también "no hablar desde la fe", y haber bebido en Spinoza y Nietzsche y sostener una visión radicalmente crítica del islam, que es justamente lo que el islam necesita en esta hora difícil de su historia, en la que el islam aparece "contaminado" por ese "mal absoluto" que es el islamismo.

Meddeb es el tipo ideal para desempeñar en esta clase de debates populares el papel del musulmán civilizado y moderno. La trampa está en que se presenta como la voz de un posible islam moderado sin revelar sus cartas, sin aclarar si realmente cree que Alá es el único dios y Mahoma su profeta y cómo se come eso con Spinoza y Nietzsche, o si su condición de musulmán consiste en la pertenencia a una familia y una cultura y punto. En otras palabras, defiende el islam sin explicitar qué es lo que defiende; repite que es "muy complejo" y que no es monolítico, cosa que referida al grupo de población "musulmanes" ya sabíamos, pero que al no instruido le dejará la idea, peligrosa o conveniente según para quién, de que hay muchas variedades de la doctrina islámica, y que por lo tanto es injusto condenar o rechazar el islam, o en cualquier caso muy complicado, así que mejor dejarlo.

Ante personas como Meddeb sería oportuno decir que si no piensan hablar con claridad no deberían arrogarse el papel de portavoces de nada. Siempre será difícil saber si van de buena fe por el mundo o no. Pero lo de veras importante para evaluar su testimonio, que puede ser tan persuasivo y tan humano y tan simpático, es recordar esa circunstancia capital que los no musulmanes olvidamos siempre, a saber, que el islam es un castillo de Irás y No Volverás, que en principio un musulmán no puede dejar de serlo, no puede ir por ahí pregonando su escepticismo o su apostasía, que para la comunidad islámica es lo mismo: un delito imperdonable de escándalo para el resto de los creyentes. Tener presente, en fin, que un Abdelwahab Meddeb podrá declararse el más crítico de los musulmanes pensantes en un debate de France3, pero si declarase no creer en la misión profética de Mahoma sería lo más prudente que abandonara el plató del brazo de Robert Redeker..., camino de una clandestinidad compartida.





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1 Comments:

At 3:19 p. m., Anonymous El amigo de Kierkegaard said...

Reforcemos las verdades de Martinito, trayendo aquí un texto de Eric Voegelin (La nueva ciencia política) que tiene plena actualidad:

"...un gobierno tiene el deber de preservar el orden así como la verdad que representa. Cuando aparece un líder gnóstico y proclama que Dios, el progreso, la raza o la dialéctica le ordenó convertirse en el gobernante existencial, no se supone que un gobierno traicione su confianza y abdique. Esta regla no admite excepciones en el caso de gobiernos que operan bajo una constitución democrática y una declaración de derechos(...)la Declaración de Derechos no es un pacto suicida. No se supone que un gobierno democrático se convierta en cómplice de su propio derrocamiento al permitir que los movimientos gnósticos crezcan de forma prodigiosa al abrigo de una oscura interpretación de los derechos civiles; y si tal movimiento creció de forma inadvertida hasta el peligroso punto de obtener representación existencial a través de la famosa "legalidad" de las elecciones populares, no se supone que un gobierno democrático ceda a la "voluntad del pueblo", sino que debe eliminar el peligro por la fuerza y, de ser necesario, violar la declaración o la constitución a los efectos salvar su espíritu."

Más claro, imposible.

 

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