2006/11/11

Volvió San Martín

Hoy vuelve a ser San Martín, 11 de noviembre, como el día en que hace un año echamos a rodar este blog. Que no se entere esa pobre iluminada que zascandilea por la Audiencia Nacional de que el once del once iniciamos un blog con una dirección formada por once más once caracteres, porque si se entera, ¡nuestro santo patrón nos asista!, nadie sabe lo que nos podría suceder.

Bueno. Es el momento de pedir disculpas por todas las tonterías que aquí se nos hayan escapado. Digamos en seguida que podrían haber sido muchas más; la impresión dominante, la impresión cuasi permanente de atender a esta cosa ha sido, y es -¡sorpresa!- la de estar renunciando a escribir. Unas cosas eran imposibles, otras impropias, para otras no parecía necesario sumarse a un coro bien nutrido, para casi ninguna había tiempo. Así que Martinito cumple un año de pocas palabras. Abstine et sustine.


Ahora queremos rendir homenaje a otro Martín, el del retrato: el martín pescador. Cuenta Alfredo Cattabiani, en su maravilloso Volario, que quizá el martín pescador inspirase el mito del halción:

Se alimenta de insectos y de peces que captura lanzándose del posadero desde donde observa las aguas, o, si vuela, dejándose caer perpendicularmente. Es un pájaro que gusta de vivir apartado y solitario.

Por esas semejanzas se le identificó con el halción mítico. Sostenían los marineros que servía para indicar el tiempo, porque apuntaba con el pico en dirección al viento que iba a soplar. Muerto, era secado y colgado en alto, porque se decía que alejaba los rayos, propiciaba la paz y hacía de barómetro natural.

De esta ave, juntamente con otras, como el pájaro carpintero y el cuervo y el petirrojo, se creía que arrojaba flores sobre los muertos sin sepultura: por eso fue consagrada, como testifica su nombre, al santo homónimo de Tours, que partió su capa para cubrir piadosamente a un pobre aterido.

Según una leyenda medieval era originalmente gris, pero después del diluvio quiso volar al cielo para escudriñar las aguas desde lo alto; y tanto se acercó a sol, que el pecho, abrasado, se le enrojeció, mientras el dorso tomaba el color celeste.


¡Admirable y envidiable tocayo, felicidades!


Alfredo Cattabiani, Volario. Simboli, miti e misteri degli esseri alati: uccelli, insetti, creature fantastiche, Milán, Mondadori, 2000, p. 200.

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3 Comments:

At 3:14 a. m., Blogger El Cerrajero said...

Felicidades por el aniversario ¿dónde son las copas? xDDDD

 
At 11:28 a. m., Blogger Martinito said...

En la cochiquera estamos abastecidos, Cerrajero. Para el que sepa venir, vaso de vino y taco de manchego.

 
At 12:04 p. m., Anonymous Un amigo de Kierkegard said...

¡¡FELICIDADES!! Es una zahurda tan bella y resplandeciente que uno, asombrado, está obligado a dar las gracias.

 

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