2005/12/02

Oriana Fallaci habla en Nueva York

“Nos hemos reunido aquí para rendir homenaje a una luchadora por la causa de la libertad”: así presentó David Horowitz a Oriana Fallaci el pasado 28 de noviembre, en un acto público celebrado en Nueva York para entregar una distinción del Center for the Study of Popular Culture a la anciana y mortalmente enferma periodista.

Cuenta Robert Spencer en el Front Page Magazine de qué habló Fallaci esa tarde: de cómo nuestras democracias están paralizadas por el despotismo y el miedo, de cómo preocupa más el riesgo de ofender a los musulmanes que el riesgo de suicidio nacional o civilizacional, de cómo una sociedad corrompida no tortura al disidente pero lo demoniza y lo amordaza: de cómo en una democracia despótica se puede difundir todo menos la verdad, mientras los medios de comunicación tranquilizan con medias verdades, distorsiones y mentiras.

La verdad da miedo, dijo Fallaci, porque frente a la verdad sólo cabe una de dos, o callarse o unirse a una causa que puede significar la renuncia a la vida cómoda y apacible. La mayoría prefiere no saber la verdad.

Europa, dijo Fallaci en Nueva York, tiene también sus equivalentes de Noam Chomsky y Michael Moore; también en Europa los nuevos comisarios políticos proscriben las celebraciones navideñas para no molestar a los musulmanes, y se reescribe la historia para convertir al islam en creador de una civilización de paz y clemencia, mientras la civilización judeocristiana se presenta como la chispa de un cigarrillo que se apaga.

Fallaci tiene pendiente un juicio en Italia por manifestaciones de odio. “Sí, yo sí odio a los Ben Laden y los Zarqawi. Sí odio a los canallas que queman iglesias en Europa. Odio a los Chomsky y Moore y Farrakhan que nos venden al enemigo. Los odio como odié a Mussolini y Hitler. Por la causa de la libertad, es mi derecho sacrosanto.”

Pero nadie ha llevado a los tribunales a los autores de un libelo titulado El islam castiga a Oriana Fallaci, donde se alienta a matarla invocando cinco pasajes del Corán sobre “las mujeres perversas”.

Dijo también Fallaci que el terrorismo islámico no es el arma principal de la guerra que nos han declarado los hijos de Alá; su aspecto más sangriento sí, no el más catastrófico. Mucho más peligrosa es la inmigración incontrolada, que ya ha puesto en Europa al menos 25 millones de musulmanes; para 2016 serán el doble. El expansionismo islámico ya no necesita los ejércitos y las flotas del antiguo imperio otomano. Fallaci espera el día en que franceses, holandeses, alemanes, italianos, acaben viviendo en sus respectivas reservas, como acabaron comanches, cherokees y sioux.

Fallaci se preguntó qué es eso del islam moderado, se preguntó si basta con no cortar cabezas, preguntó si no es verdad que el islam es el Corán y el Corán un Mein Kampf; si no es verdad que los terroristas musulmanes no han vacilado nunca en justificar sus acciones a golpe de cita coránica.

Una vez más, la “atea católica” Fallaci tuvo palabras de gran afecto para Benedicto XVI; el desafío islámico, dijo, ha abierto en Occidente un vacío que sólo la espiritualidad podría llenar, “a menos que también la Iglesia falte a su cita con la historia. Pero no creo que falte”.

Gracias, brava hija de Florencia, nacida a la sombra de San Miniato; para este pequeño gocho, seguramente la iglesia más conmovedora de Europa. Il Signore ti benedica.

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1 Comments:

At 2:16 a. m., Anonymous der Dolch said...

evidente de toda evidencia es que la Falacci es una de las mujeres más valientes que nuestro tiempo ha dado como también lo fue a su tiempo y por su causa la Dietrich.

 

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