2006/01/02

¿En guerra con el terrorismo?



Afirmar hoy que se está en guerra con el terrorismo es tan estúpido como habría sido que en 1940 los ingleses afirmaran estar en guerra con la Luftwaffe. Lo que la Alemania nazi pretendía con el Blitz no era matar ingleses, sino aniquilar su voluntad de resistencia, como paso necesario para adueñarse de Europa. Si Churchill hubiera optado por el entreguismo –o la concesión, o la componenda: el appeasement, eso que ahora neciamente se traduce por “apaciguamiento”-, Hitler se habría ahorrado hombres y material. Como se los ahorró en Francia, con el resultado inmediato que refleja la imagen.

El terrorismo es sólo un medio entre otros para conseguir un fin político. Se le puede aplicar perfectamente la famosa máxima de Clausewitz sobre la guerra.

Quien quiera seguir el día a día del terrorismo islamista no tiene más que consultar, por ejemplo, el sitio Islam: The Religion of Peace, cuyo contador de acciones desde el 11-S va ya por 3.937. Sobre su naturaleza militar es lectura recomendable este reciente post de Nomotheta.

Un grupo de investigadores españoles inauguró hace poco -en noviembre de 2005, cuando parece que los disturbios en Francia nos pusieron las pilas a unos cuantos- una espléndida guía de recursos sobre Yihadismo y terrorismo islamista. Como de costumbre, casi todas las fuentes referenciadas están en inglés. En un país donde se gasta lo mismo en fichar a un único futbolista que en ayudar a las víctimas del tsunami asiático, ¿no hay nadie que financie la traducción de informes, estudios, análisis, libros acerca de la mayor amenaza que pende sobre nuestro futuro y nuestra libertad? Por lo visto no, no hay.

Pero el terrorismo islamista es sólo uno entre diversos medios encaminados a un fin, y sobre cuál sea ese fin los islamistas no están engañando a nadie: la imposición del totalitarismo islámico. Lo han expuesto por activa y por pasiva, en declaraciones incontables. Otros medios son la introducción gradual, vía inmigración, del “comunitarismo” en las sociedades libres; la expansión demográfica; operaciones de “limpieza” en determinadas regiones; el derrocamiento de regímenes “moderados” en países musulmanes -estrategia que fracasó en su primera oleada, y cuyo fracaso hace que el tan leído libro de Gilles Kepel Jihad. Expansion et déclin de l’islamisme sólo sirva ya de espécimen de humor negro, lo que no le ha impedido a su perspicaz autor ser nombrado consejero de Chirac para asuntos islámicos, cosas más chocantes hemos de ver-; el chantaje a través de la dependencia energética, al que las poblaciones occidentales contribuyen alegremente gastando todo el crudo que pueden y más, etc., etc.

Aún hay quien dice y escribe que tratan de imponernos una religión. No es eso lo que se deduce de la historia: el islam practicó poco la conversión forzosa. Entre otras razones porque no es primordialmente una religión, sino un modelo de sociedad, totalitario y teocrático, que se ha servido y se sirve de una doctrina religiosa como instrumento de poder. Lo apuntamos en la presentación de este blog, y lo repetiremos una y otra vez: sus primeras víctimas son las poblaciones de los países musulmanes, donde lo primero que no hay es libertad religiosa; gentes como Juan y Manuela, que en su inmensa mayoría se limitan a seguir una práctica cuyas premisas doctrinales no se les ha permitido jamás examinar.

La estrategia del resto del mundo contra el “terrorismo internacional” no está nada clara. La estrategia contra el fin que persigue parece inexistente. Hay que comprender que en las declaraciones públicas de autoridades políticas y religiosas de todo el mundo se siga diciendo que el islam es una religión, que en cuanto tal merece respeto, que predica la paz, que el islamismo es una deformación del "auténtico" islam, etc., etc. Pero cualquier ciudadano debería saber leer entre líneas: se habla así por miedo a soliviantar a la población musulmana del propio país, por salvaguardar alianzas de interés económico y geoestratégico, por proteger de mayor persecución a las minorías no musulmanas en territorio islámico, etc. Diplomacia transparente, en fin. En el texto arriba citado, Nomotheta escribía que ya a finales de los 80 Revel expuso “con crudeza una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: a pesar de disponer de unos medios de comunicación muy desarrollados vivimos, por lo general, en la más absoluta ignorancia sobre lo que verdaderamente sucede, puesto que la información nos llega, cuando lo hace, fragmentada y tergiversada”. A finales de los años 80 el imperio de una televisión degradante no era el que es ahora. Ahora hay que firmar y rubricar lo que decía el politólogo Giovanni Sartori en la entrevista que publicó El Mundo el pasado 9 de julio: “La televisión está transformando al hombre. Hemos pasado del homo sapiens al homo videns. Aquél entendía el mundo a través del concepto y de la abstracción. Este lo intenta desde la imagen. La televisión está destruyendo el pensamiento abstracto. Porque las nociones no tienen un aspecto visible. El Estado no lo veo. La Justicia no la veo. La democracia no puede construirse en una imagen. Ahora los videoniños y los videoadultos identifican la realidad con la imagen. Entienden sólo lo que ven. Y es un enfoque gravísimo, porque las imágenes son una simplificación de la realidad. (...) Hablemos de videocracia y de asnocracia. Porque la televisión es comercial. Y el dinero se hace fomentando el show, no con los debates ni con los programas de ciencia, de saber, de cultura. El televidente tiene delante la cultura de la estupidez, del cotilleo, de la tontería. De modo que el daño a la sociedad es enorme. La televisión amputa la realidad. Te la filtra a su antojo. Gracias a la televisión desconocemos el mundo. (…) la política está en crisis porque el nivel de conocimiento del ciudadano ha descendido y porque también lo ha hecho el de la clase política, cada vez más sensible al impacto mediático, demagógico, carismático, formal, en suma, populista. (...) no suelo verla [la televisión] porque me hace peor persona.” [La negrita es nuestra.]

Desde otro ángulo, el erudito en arte Jean Clair, hasta hace poco director del Musée Picasso de París, en una entrevista publicada en La Razón el pasado 22 de diciembre y refiriéndose exclusivamente al estado del mundo occidental, hablaba de “regresión absoluta del pensamiento”, de “pleno vacío”: “En el mundo occidental no queda ningún valor por el que pudiésemos dar nuestra vida. (…) Los alumnos llegan al instituto sin saber leer. Vivimos una catástrofe intelectual sin precedentes”.

En esas condiciones el islamismo tiene despejado el camino, de una manera o de otra o de todas a la vez. Incluso se podría sostener que las más sonadas atrocidades terroristas, si para el islamismo han sido grandes reclamos propagandísticos, desde el punto de vista de la maceración de su víctima a estado masticable han sido una torpeza, un error de precipitación, en la medida en que han despertado algunas conciencias a las que por ahora los sambenitos de “catastrofista”, “racista” o “reaccionario” no consiguen acallar.

De las nuevas atrocidades que sin duda vamos a presenciar hablaremos poco en este blog, porque en el fondo el terrorismo no es lo más importante. Todos estamos destinados a morir. Lo importante no es cómo se muere, sino cómo se vive. Lo importante es saber qué vida nos espera si acabamos optando por “la paz” a cualquier precio. De eso tratarán, Dios mediante, muchos de estos “Avisos” en las próximas semanas y meses.

La imagen muestra la pintura de rótulos en alemán en la Place de la Concorde de París en 1940. Foto Taillandier.

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